martes, 14 de abril de 2009
Te regalo...
domingo, 12 de abril de 2009
Perdonar y dejar en libertad.

Estando en momentos jodidos de mi vida, alguien muy especial para mi me dio esta afirmación que hoy pasé a una amiga muy especial, “para que llegue adonde tiene que llegar”, como ella misma me ha dicho. Me ha pedido que la postee y no puedo menos que hacer esto por ella. Las cosas nunca ocurren por casualidad y seguramente hoy, ahora, en este mismo momento que estás leyendo esto necesitas decirlo. Tiene algo de magia, algo de fe, algo de liberación, y te prometo, como le dije a ella esta misma mañana de Pascuas de Resurrección, que funciona. Pero como dice me amiga Beatriz de Mejico, “no me creas, compruébalo tú mismo.”
“…. te perdono por no ser como yo quería que fueras. Te perdono y te dejo en libertad”
miércoles, 8 de abril de 2009
¿Solo un anuncio?
Tú eres todos los kilómetros que has recorrido. Eres cada una de las personas que has conocido. Tú eres los atardeceres que has visto; todos los lugares en los que has amanecido. Cada sabor y cada olor, cada alto en el camino; eres cada huida y cada reencuentro. Todos los mares en los que te has bañado, todos los caminos que has tomado.
Cada cerro, cada valle, cada río.
Tú eres lo que has visto y lo que has vivido.
Elige bien quien te guía.
domingo, 5 de abril de 2009
7 Principios de la Ecología Emocional para las relaciones

1- Principio de la autonomía personal.
“Ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán”.
2- Principio de la prevención de dependencias.
“No hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos”
3- Principio del boomerang.
“Todo lo que haces a los demás, también te lo haces a ti”
4- Principio del reconocimiento de la individualidad y la diferencia.
“No hagas a los demás aquello que quieres para ti. Pueden tener gustos diferentes”.
5- Principio de la moralidad natural.
“No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti”.
6- Principio de la auto-aplicación previa.
“No podrás hacer y dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo”
7- Principio de la limpieza relacional.
“Tener el deber de hacer limpieza de las relaciones que son ficticias, insanas y no nos
dejan crecer como personas”.
No somos responsables de lo que sentimos (las emociones no se eligen ni se planifican)
pero sí de aquello que hacemos con lo que sentimos. Lo que importa es cómo se gestionan, lo que se hace con ellas. Escogemos nuestra actitud y nuestra conducta.
“Pensar que algo nos será dado sin que
hagamos algo por ello y quejarnos por no recibirlo,
contribuye a la contaminación emocional”.
No busquemos la excusa de nuestras emociones que nos perjudican o perjudican a los demás en los hechos de los otros. Busquemos la causa, siempre, dentro de nosotros mismos, porque ninguna emoción de ningún ser puede tener acción en nosotros si nosotros estamos protegidos por el escudo del Amor y vibramos en esa sintonía.
Tú eliges qué deseas reflejar a tu entorno y eso mismo recibirás.
Sergio Sinay publicado en
viernes, 3 de abril de 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
El perdón
Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras,
te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías.
Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello,
pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.
El perdón es una expresión de amor. libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo. Muchos de nuestros intentos de perdón fracasan pues confundimos esencialmente lo que es perdonar y nos resistimos ante la posibilidad de empequeñecer los eventos ocurridos u olvidarlos.
Pero el perdón no es olvido, no es olvidar lo que nos ocurrió. No significa excusar o justificar un determinado evento o mal comportamiento. No es aceptar lo ocurrido con resignación. No es negar el dolor. No es minimizar los eventos ocurridos.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.
Creemos erradamente que el perdón debe de conducirnos inexorablemente
a la reconciliación con el agresor. Pensamos que perdonar es hacernos íntimos amigos de nuestro agresor y por tal motivo lo rechazamos. No implica eso para nada, el perdón es UNICAMENTE PARA TI y para nadie más.
No hay que esperar que la persona que nos agredió cambie o modifique su conducta pues lo más probable es que esa persona no cambie y es más, a veces se ponen hasta peor.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.El perdón se debe de realizar "sin expectativas" sin esperar que nada suceda.
Si esperamos que el agresor acepte su error, estaremos esperando en vano y gastando nuestro tiempo y nuestras energías en una disculpa que jamás llegará. Si estamos esperando esta reacción, luego de haber perdonado, pues realmente no perdonamos de corazón pues seguimos esperando una retribución, un resarcimiento. Seguimos anclados en el problema, en el ayer, queriendo que nos paguen por nuestro dolor. Entonces no hemos perdonado, y quien tiene el control de nuestra vida es el EGO. EGO que quiere a toda costa castigar o cobrar al agresor
No existe nada ni nadie que pueda resarcir el dolor ocasionado en el pasado, el pasado no tiene cómo ser cambiado.
Ningún tipo de venganza o retribución podrá subsanar los momentos de tristeza y desolación que vivimos, lo mal que nos sentimos.
Al esperar una disculpa, que se acepte el error; nada de eso cambiará los hechos, lo ocurrido en el pasado, sólo estaremos queriendo alimentar nuestro ego, nuestra sed de justicia mal enfocada. La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes. Perdonando desde nuestro corazón, logramos mirar los hechos tal y como sucedieron y luego decidimos dejarlos ir, dejarlos en el ayer.
Aceptamos que somos APRENDICES! Que la lección ya se encuentra aprendida y que hemos logrado vencer las circunstancias negativas que nos tocaron vivir. Perdona para que puedas ser perdonado. Recuerda que con la vara que mides, serás medido...
Alli donde radican nuestras debilidades
van a extraviarse nuestras exaltaciones.
Nietzsche
miércoles, 18 de marzo de 2009
La importancia de darse cuenta

“Si te sientes molesto, date cuenta en seguida de ello, y de dónde nace este malestar. Si dices que estás molesto porque alguien se ha portado mal contigo, no se puede entender que tú te castigues porque otro se comporta mal. Tiene que haber otro motivo más personal y escondido. Obsérvalo.”
Anthony de Mello.
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Nevaba en mi pueblo y el estado del camino que lleva a la carretera provincial amenazaba con ponerse inaccesible en pocas horas. En dos horas tenía que estar en mi trabajo, así que llamé para avisar que no iba a poder salir en coche del pueblo. Así, sin esperar a la hora de salida. Mi sorpresa fue tal al encontrar como respuesta un “¡pero cómo es eso, aquí está todo limpio!” No me lo esperaba. No entendía cómo mi interlocutor podía dudar de lo que yo decía, así que decidí ir de todas formas. Me sentí muy molesta en ese instante. Tanto hasta el punto de desear quedarme atascada en la nieve como forma de “castigo” hacia la persona que no me había dado la respuesta que yo esperaba. “¿Ves lo que has logrado, por no ser compresivo? Me he atascado en la nieve y es tu culpa.”
Al acabar de recorrer los dos kilómetros que separan mi casa del cruce, ví que efectivamente la carretera provincial estaba limpia. Yo tampoco me lo podía creer. Aún así seguía con restos de molestia en el cuerpo.mEstá claro que a quien estaba castigando era a mi misma. Pero, ¿por qué?
Logré darme cuenta de ello y comencé a analizar lo que me pasaba. Me detuve a pensar qué era lo que en realidad me había molestado. La respuesta vino claramente: me molestó el hecho de no saber decir no, no puedo ir y no voy. O de no haber esperado lo suficiente para llamar, de no haberme cerciorado de que en realidad no podía salir. En resumen: estaba enfadada conmigo misma. Pude haber seguido molesta, pero no lo hice. Tuve la gran suerte de haberme dado cuenta y rectificar mi necesidad de sentirme así.
Solo quedaba una cosa por hacer. Pedí disculpas a la persona por haberle molestado sin necesidad y me alegré de no haberme quedado atascada en la nieve. ¿Y sabes qué? Me la pasé genial esa tarde trabajando. Pero lo más importante, me sentí libre.

